
El alma enmudecida se deja
rozar de mi luz que la detiene
las sombras que la aquejan
entibian al silencio
éste, a su vez,
se retuerce en gritos.
Ha llegado la nostalgia de la unión
que no responde,
que calló para que el tiempo avanzara
por un humo consumido tras los días
que atisbados por las dudas crecieron entre
Horas.
El alma sobrecogida
no obedece al pulso de esta sangre.
Ahora duerme sin visiones
y con oscura palidez
besa
manchas que no hablan.
Ha cesado el silencio
llorando lágrimas sin ruido;
y como el frío llora entre tierras
entre pétalos erosionados,
el aire algún día
derrocará a los dioses
en las alturas,
liberando cientos de ánimas,
rompiendo al
alma
dormida.
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