
V
Dos sonidos lloran mis gotas,
la caída se desliza por el roce
que sigue inmanente tras la tierra que se esconde.
Son cien dedos diluidos,
que brotan por senderos rojizos
van quemando sin vencer a mi tiempo
y que en un minuto más colgarán desde su vientre
que no sueña.
Y en presencia de cien ojos
rasgo la putrefacción
de toda conciencia irracional.
Vuelve a dormir, si mis párpados no quieren,
para que así tu rostro vuelva a desdibujar
a cien cuerpos torcidos.
Tres sonidos palpan.
Balbuceo todas las señales híbridas
que atraviesan sin cerrar
lo que acaba sin mi última gota .
